EL NIÑO
NI EL
DIAMANTE NI EL ORO TIENEN MAYOR VALOR.
NADIE COARTE
A LOS NIÑOS SU IMAGINACIÓN
ÉSE ES EL
BIEN SUPREMO DEL QUE LOS DOTÓ DIOS.
(Ingresa al escenario un actor caracterizado
como un niño de pelo enrulado, con un short, una remera muy colorida y un libro
de cuentos en la mano. Está algo enojado y bufa. Lleva en la otra mano un
camioncito o autito de plástico. Se sienta en el piso y lo frota
frenéticamente, dejando el libro a un lado. Habla en tono de burla. Una luz
tenue se va encendiendo mientras se acomoda en el centro del escenario)
“Andá a jugar al living que estamos hablando cosas de
grandes” “No llevés a la tortuga al baño que no nada, no la podés meter en el
inodoro” “Dejá tranquilo a ese gato, que tiene patas, no alas” “No le apretés
los cachetes a tu hermanita, que la lastimás” “No la muerdas” “No, no, no, no,
¡no!”
(Cambia el tono, pero sigue enojado) No me dejan hacer nada en esta casa. Apenas junte
cien pesos me voy a vivir a la casita de muñecas de mi amiga Uriana. Ahí tiene
cocinita, baño, ¡y hasta bañadera! Van a ver cómo nada la tortuga ahí. Ya le
dije yo a mi amiga que estoy cansado, que me tienen re- podrido y que me voy a
llevar toda mi ropa y mis juguetes a su casita. Ella me recibe, dice que vaya
cuando quiera, y me invitó también a tomar el té de mentirita, porque tiene un
jueguito de té que le regaló su tía Claudia, que ya está más vieja, pobre,
cumplió ¡treinta! la semana pasada; seguro tiene miedo de morirse antes del
cumple de Uriana, por eso le regaló su jueguito de té de cuando ella era
chiquita ahora, y tiene hasta bizcochitos de mentirita, pero yo no fui todavía
porque siempre hay un montón de nenas y ningún varón y me da un poco de
vergüenza…
Todos me dicen siempre que soy chiquito pero yo no soy
chiquito. Ya soy grande. Me voy a ir a trabajar con mi tío, y él no les va a
decir a mi papá y a mi mamá dónde estoy.
Y después me voy a casar con Uriana y vamos a vivir
los dos en una casa más grande que la de la Barbie , porque es bastante chiquita, y vamos a
tener a nuestros hijitos y yo nunca les voy a decir “No hagás esto” “No hagás
lo otro” “No le cortes el pelo a tu hermano” o “No corras con un cuchillo en la
mano” o “No le des dulce de leche a la tortuga” o “No le tires raid al perro en
los ojos” Yo los voy a dejar hacer lo que quieran. No me va a molestar que
saquen al pescadito de la pecera y vean un rato cómo mueve la boca y después lo
vuelvan a meter, ni que le tiren sal al agua de la pecera que no tiene gusto a
nada, ni que cambien las etiquetas de los medicamentos, ni que les peguen a sus
compañeritos en la escuela, ni que muerdan todas las masitas de un paquete para
que queden todas igualitas y las vuelvan a guardar, ni que les pinten la cara a
sus hermanos con la pinturita de uñas de la mamá. Yo los voy a dejar
divertirse, porque todo lo que yo hago es para divertirme, no para llamar la
atención como dice mi si…mi si…., la señora ésa que me mandan a visitar los
martes, ¿cómo se llamaba? Gabriela, Gabriela, sí. Mi si…bueno, no me acuerdo
qué es mía pero pariente no es. Tendrían que hacerle caso a mi abuelo, que dice
que las cosas de la familia se arreglan en la familia, y que ella no es mi
pariente ni nada, que es una extranjera (¿extranjera?) o extraña, no sé…
Porque su casa en el sanatorio es muy linda pero a mí
no me gusta nada que ella me pregunte cosas o que se quede mirando cuando me
pide que le dibuje una casa y yo a propósito se la pinto toda gris o negra con
manchas rojas en las paredes, pero no porque tenga algo malo, como la escuché
decirle una vez a mi mamá cuando entró ella y me dejaron un ratito afuera
pensando que yo no escuchaba, pero la puerta quedo medio abierta y yo sí
escuché, y de los colores y eso, y que por lo menos dibujaba seres humanos
completos, entonces no era tan malo. Desde ese día empecé a dibujarnos a mí y a
mis hermanos sin manos o sin ojos, y a mis papás sin piernas o sin pelo, o sin
boca, y eso a mí me pareció muy gracioso pero a ella no, y ahora parece que me
van a mandar dos veces a la semana.
Yo ya estoy harto. Harto de esta vida de mierda, como
dice mi papá. Porque si quiero ver cómo se cocina la pizza en el horno no me
dejan, y menos si le pongo un vestidito de plástico de las muñecas de mi
hermana arriba del queso. ¡Me pegan con el cinto! Pero ya se van a acabar los
que hacen cintos, dios los va a castigar más que a mí, porque seguro que ellos
inventaron eso de que a los chicos se les pega con el cinto, y eso no es bueno.
Nosotros, los chicos, queremos jugar, pero no nos dejan.
Después de todo, ¿los grandes siempre fueron grandes?
A veces pienso y pienso y me pongo a pensar y creo que ya nacieron grandes y
aburridos. Todo es peligroso o hace mal: comer con el cuchillo y no con el
tenedor es peligroso, tomar mucha coca hace mal, hacer llorar a mi hermanito
pisándole el pie es malo, mezclar el bidón de nafta con el alcohol de curar y
acercar un fósforo para ver qué pasa es peligroso, masticar con la boca abierta
es malo, escupir en la cara a mis amigos es malo, sacarle plata a mi papá o a
mi mamá de la billetera para comprar caramelos es malo. ¿Para qué está hecha la
plata, entonces? Si yo no se las saco ellos no me la dan, por eso lo hago.
Dicen que no entienden a quién salí así, porque ellos trabajan como perros para
darnos a mí y a mis hermanos todo lo que nos hace falta y yo les pago
robándoles. Lo que ellos no entienden es que yo también necesito caramelos y
chocolatines, y si yo no les saco plata no me los dan, y me confunde cuando
dicen (en tono de burla) “¡¿Así nos
pagás?! ¡A nosotros que te damos todo!”
Todo no me dan, porque si no yo no les sacaría nada, y además no les pago
porque nunca tengo plata así que no los entiendo y sigo haciendo lo que quiero.
Tendría que haber más días del niño en el año, así nos
tratan mejor, o por lo menos a mí, que me dicen que soy hijo del demonio. No
entiendo tampoco, si soy el hijo del demonio, por qué no vivo con él. Él seguro
que me daría todo lo que yo necesito. No entiendo por qué me abandonó. ¿Y mi
mamá? Si soy hijo del demonio, ¿quién será mi mamá? Mi mamá no puede ser porque
a ella le da miedo el demonio y se la pasa rezando para que –dice- “salga de mi cuerpo”, y mi papá no es
el demonio porque no hace cosas malas como dicen que hago yo. Mi abuela, la
mamá de mi papá (del que no es mi papá), siempre dice que mi papá tiene que ser
un santo para aguantarla a mi mamá (que no es mi mamá). Ahora que lo pienso un
poco, siempre se echan la culpa para que yo no sea el hijo, así que ahora me
doy cuenta de que seguramente todos tienen razón y yo sí soy el hijo del
demonio.
Yo voy bien, entonces, porque, si todo lo que hago lo
hago mal, mi papá seguramente estaría orgulloso de mí (mi papá el demonio, el
que sí es mi papá, no el otro, que me trata mal pero se porta bien según la
mamá de él que tampoco es mi abuela) y mi mamá también ( mi mamá mamá, no la de
mentira), que todavía no sé quién es, porque hay que ser muy madre para tener
un hijo con el demonio, aunque después me hayan abandonado. Y si me están
mirando, seguro que me van a venir a buscar, porque ya que dicen que dios está
en todas partes segurito que el diablo también, entonces estará esperando para
venir a rescatarme de esta familia que no es mi familia para llevarme con él a
ese lugar caliente que dicen que está rodeado de fuego. Espero que cuando me
lleven ya hayan apagado el incendio y ese lugar sea como las sierras y esté
cerca de la playa. (¿Vivirá en las sierras mi papá?) A mí siempre me gustó la
playa.
(Habla hacia el piso con las manos
rodeándole la boca) Papá, mamá, vengan a
buscarme así vamos a la playa a jugar con todo lo que no me dejan jugar acá.
Tengo escondidas (cuenta con los
dedos) un arma que le robé a mi abuelo (el
papá de mi mamá que no es mi mamá), dos cuchillitos de la cocina de la mamá
esta que tengo pero que no es la mía, una espada de la guerra de las galaxias,
y me llevo al gato, al perro y al pescadito para hacerles allá todo lo que acá
no puedo hacer. Pero no se tarden en venir, ¿eh? Miren que mañana me quieren
llevar a la si… si… si…. (chasquea
con la lengua y se va retirando del escenario, llevando sus juguetes, mientras
se atenúa la luz ) de Gabriela y ya no se me
ocurre qué mas dibujarle, ¿eh? Ahora, por si me están mirando, voy a tirar al
gato del techo varias veces a ver si se muere o cae parado. Miren bien, ¿eh? Y
vengan pronto…
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