viernes, 15 de febrero de 2013


LA MALDICIÓN DEL CARGOSO

(Una secretaria se muestra bastante ocupada frente a un escritorio. Acomoda unos papeles, escribe sobre algunos un número o palabra y los separa, mientras que mete otros en un sobre y le coloca los datos correspondientes y un sello. Suena el teléfono. Atiende terminando de escribir el sobre y sacando otros papeles de un cajón, sobre los que va escribiendo y que acomoda mientras se desarrolla la conversación telefónica.)
- Futt, Lindom y Asociados. Buenas tardes. ¿En qué puedo servirle?
- Hola, divina, ¿cómo estás?
- (Desconcertada) ¿Hola? Habla con Futt, Lindom y Asociados, ¿lo puedo ayudar en algo?
- Sí, corazón, tratándose de un ángel como vos, podrías ayudarme en muchas cosas…
-Disculpe… Este es el número de un Estudio jurídico, ¿con quién quiere hablar? Corrobore: usted llamó al 4476…
- (La interrumpe.) Sí, bombón, sí, sé dónde estoy hablando y es precisamente al número que necesito hablar para encontrarte a esta hora. ¿De verdad que todavía no sabés quién soy?
- La verdad que no, pero…(piensa) ¿Román?
- Al fin, hermosa. Creí que ya te estabas olvidando de mí.
- (Confundida, comenzando a enojarse) Pero, yo creí que te había quedado claro la otra noche. Además estoy trabajando. ¿Cómo supiste el número del estudio? (Mira hacia una puerta en el costado y baja la voz) Te voy a colgar, no puedo hablar en el trabajo…
- No, no, pará. Es que la otra noche me pasé un poco de la raya y quería disculparme. Yo pensé que era el momento para… (se pone nervioso) bueno, ya sabés, y quería disculparme como la gente. ¿Te venís a tomar algo al café de la esquina? Estoy sentado al lado de la ventana sobre la calle Funes.
- ¿Cómo? (se incomoda) estás en la esquina de mi trabajo y encima me llamás por teléfono?
- Me pareció mucho ir para allá.
-(Lo corta) ¿Venir? Pero, ¿vos estás loco? A mí me van a echar si saben solamente que llevo (mira el reloj) cuatro minutos de charla con una llamada personal…Tengo que colgarte. Estás disculpado, quedate tranquilo, pero no llames más.
- No, dulce, yo sé que no me hablás en serio. Estás tensa. Vení dos minutos, te relajás, tomamos algo y te explico lo que me pasó.
- No quiero y no puedo. Estoy trabajando, te dije.
-(La interrumpe) ¿Ves lo nerviosa que estás? No te vendría mal salir de esa oficina de dos por dos un ratito para charlar con un amigo, ¿no? A ningún amigo se le niega un café…
- ¿Vos no entendés que estoy ocupada? Yo te disculpo, ya me había olvidado; es más, pero por favor te dejo y me pongo a trabajar que en cualquier momento sale mi jefe y me echa. (Amaga con colgar y vuelve a mirar la puerta, pero escucha a tiempo)
- Entonces voy para allá. Son dos minutos. Pero no puedo decírtelo por teléfono.
- ¡¿Qué?! (se enfurece. Se para, habla más fuerte y se mueve frenéticamente por toda la oficina) ¿Venir para acá? ¿Pero vos estás loco? ¿Querés que me quede sin trabajo? ¿Estás tomando Whisky, vos? ¿Qué te pasa? ¡¡¡Ni se te ocurra!!! ¡Te saco con la policía, mirá!!! ¡Te denuncio por acosador! No llames más, ni pases por la puerta de mi casa ni te acerques a quince cuadras de mi trabajo porque te mato, ¿me oís? Y olvidate de los “encuentros casuales” en la casa de tu amigo Francisquito, porque los frío en aceite a los dos y después los corto en pedacitos y se los doy de comer a mis Rotweiller, que les encanta la comida chatarra. Lejos, pibe, porque no la contás.
- Ok. Ok. No te alteres. Si yo sé que sos un bomboncito… estás estresada, por eso decís todo eso, pero si me escucharas te tranquilizarías y verías que yo te convengo, mimosa, que soy buena gente. Calmate, que te vas a arrugar.
(Ella se toca mecánicamente la frente)
- Mirá, estúpido; vos calmate y bajá el celo con una bañadera de hielo, pelotudo; a mí no me hace falta calmarme. Me hace falta que tipos como vos sean ahogados al nacer así no les rompen las pelotas a minas tranquilas y sosegadas y pacíficas como yo. Sos un pesado y un maniático. (casi grita esta última palabra)
- Vos decís eso porque estás encerrada en esa covacha de mierda un día hermoso como hoy, que un amigo como yo te invita a salir un minuto y despejarte. Estás un poquito trastornada, mujer; por eso te ponés así, pero con el tiempo vas a ver que somos tal para cual.
- ¿Con el tiempo? ¿Qué tiempo? ¡Andá a la concha de tu madre! Si te veo otra vez, aunque sea en el supermercado, te tiro desodorante de ambientes en los ojos, y te meto veneno para ratas en la boca mientras gritás y te retorcés. Yo tenía paciencia con idiotas como vos, ¿qué digo como vos? ¡Como vos ninguno, nene! Espero que hayan roto el molde cuando te hicieron porque te juro que si hay otro me toca a mí, y a ése lo mato antes de que me haga lo que intentaste hacer el otro día vos, gil.  Nunca me acostaría con vos, ni drogada, mirá. ¿De qué tiempo me hablás? ¿Por qué no te parás delante de un colectivo y esperás que te levante y te deje en pedacitos sobre la vereda? Es la única forma en que podría reproducirse y desparramarse por toda la tierra un engendro antinatural como vos.
- Ok, nena, te dejo porque esto ya se está poniendo denso y no me banco las minas histéricas. Un poco está bien, pero a ese grado…Al final se confirmó lo que yo pensaba: no me perdonaste un carajo y sos una resentida; así que no me llames porque no te voy a atender. Cuando te arrepientas va a ser tarde, chiquita, y vas a estar sola, vieja y arrugada. Ya no te queda mucha juventud, bebé. Entonces, ni los giles se te van a acercar. Te acabás de perder un buen partido, querida. ¡Bye!¡Bye! (cuelga bruscamente)

(Ella queda agitada y sobresaltada. Se apoya respirando dificultosamente con ambas manos sobre el escritorio. Se sienta y toma agua de un vaso que tenía al costado.)
-    ¿Yo arrepentirme?  
(Saca un espejito de un cajón y se mira tocando notablemente las patas de gallo y las arrugas de la frente. Pone cara de preocupación.
Se apaga la luz.)

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