(Una
secretaria se muestra bastante ocupada frente a un escritorio. Acomoda unos
papeles, escribe sobre algunos un número o palabra y los separa, mientras que
mete otros en un sobre y le coloca los datos correspondientes y un sello. Suena
el teléfono. Atiende terminando de escribir el sobre y sacando otros papeles de
un cajón, sobre los que va escribiendo y que acomoda mientras se desarrolla la
conversación telefónica.)
- Futt, Lindom y Asociados. Buenas
tardes. ¿En qué puedo servirle?
- Hola, divina, ¿cómo estás?
- (Desconcertada) ¿Hola? Habla con Futt, Lindom y
Asociados, ¿lo puedo ayudar en algo?
- Sí, corazón, tratándose de un ángel
como vos, podrías ayudarme en muchas cosas…
-Disculpe… Este es el número de un
Estudio jurídico, ¿con quién quiere hablar? Corrobore: usted llamó al 4476…
- (La
interrumpe.) Sí,
bombón, sí, sé dónde estoy hablando y es precisamente al número que necesito
hablar para encontrarte a esta hora. ¿De verdad que todavía no sabés quién soy?
- La verdad que no, pero…(piensa) ¿Román?
- Al fin, hermosa. Creí que ya te
estabas olvidando de mí.
- (Confundida,
comenzando a enojarse)
Pero, yo creí que te había quedado claro la otra noche. Además estoy
trabajando. ¿Cómo supiste el número del estudio? (Mira
hacia una puerta en el costado y baja la voz) Te voy a colgar, no puedo hablar en el trabajo…
- No, no, pará. Es que la otra noche
me pasé un poco de la raya y quería disculparme. Yo pensé que era el momento
para… (se pone nervioso) bueno, ya sabés, y quería disculparme
como la gente. ¿Te venís a tomar algo al café de la esquina? Estoy sentado al
lado de la ventana sobre la calle Funes.
- ¿Cómo? (se
incomoda) estás en
la esquina de mi trabajo y encima me llamás por teléfono?
- Me pareció mucho ir para allá.
-(Lo corta)
¿Venir? Pero, ¿vos estás loco? A mí me van a echar si saben solamente que llevo
(mira el reloj) cuatro minutos de charla con una
llamada personal…Tengo que colgarte. Estás disculpado, quedate tranquilo, pero
no llames más.
- No, dulce, yo sé que no me hablás
en serio. Estás tensa. Vení dos minutos, te relajás, tomamos algo y te explico
lo que me pasó.
- No quiero y no puedo. Estoy
trabajando, te dije.
-(La interrumpe) ¿Ves lo nerviosa que estás? No te vendría mal salir de
esa oficina de dos por dos un ratito para charlar con un amigo, ¿no? A ningún
amigo se le niega un café…
- ¿Vos no entendés que estoy ocupada?
Yo te disculpo, ya me había olvidado; es más, pero por favor te dejo y me pongo
a trabajar que en cualquier momento sale mi jefe y me echa. (Amaga con colgar y vuelve a mirar la puerta, pero
escucha a tiempo)
- Entonces voy para allá. Son dos
minutos. Pero no puedo decírtelo por teléfono.
- ¡¿Qué?! (se
enfurece. Se para, habla más fuerte y se mueve frenéticamente por toda la
oficina) ¿Venir para
acá? ¿Pero vos estás loco? ¿Querés que me quede sin trabajo? ¿Estás tomando Whisky,
vos? ¿Qué te pasa? ¡¡¡Ni se te ocurra!!! ¡Te saco con la policía, mirá!!! ¡Te
denuncio por acosador! No llames más, ni pases por la puerta de mi casa ni te
acerques a quince cuadras de mi trabajo porque te mato, ¿me oís? Y olvidate de
los “encuentros casuales” en la casa de tu amigo Francisquito, porque los frío
en aceite a los dos y después los corto en pedacitos y se los doy de comer a
mis Rotweiller, que les encanta la comida chatarra. Lejos, pibe, porque no la
contás.
- Ok. Ok. No te alteres. Si yo sé que
sos un bomboncito… estás estresada, por eso decís todo eso, pero si me
escucharas te tranquilizarías y verías que yo te convengo, mimosa, que soy
buena gente. Calmate, que te vas a arrugar.
(Ella se toca mecánicamente la frente)
- Mirá, estúpido; vos calmate
y bajá el celo con una bañadera de hielo, pelotudo; a mí no me hace falta
calmarme. Me hace falta que tipos como vos sean ahogados al nacer así no les
rompen las pelotas a minas tranquilas y sosegadas y pacíficas como yo. Sos un
pesado y un maniático. (casi grita esta
última palabra)
- Vos decís eso porque estás
encerrada en esa covacha de mierda un día hermoso como hoy, que un amigo como
yo te invita a salir un minuto y despejarte. Estás un poquito trastornada,
mujer; por eso te ponés así, pero con el tiempo vas a ver que somos tal para
cual.
- ¿Con el tiempo? ¿Qué tiempo? ¡Andá
a la concha de tu madre! Si te veo otra vez, aunque sea en el supermercado, te
tiro desodorante de ambientes en los ojos, y te meto veneno para ratas en la
boca mientras gritás y te retorcés. Yo tenía paciencia con idiotas como vos,
¿qué digo como vos? ¡Como vos ninguno, nene! Espero que hayan roto el molde
cuando te hicieron porque te juro que si hay otro me toca a mí, y a ése lo mato
antes de que me haga lo que intentaste hacer el otro día vos, gil. Nunca me acostaría con vos, ni drogada, mirá.
¿De qué tiempo me hablás? ¿Por qué no te parás delante de un colectivo y
esperás que te levante y te deje en pedacitos sobre la vereda? Es la única
forma en que podría reproducirse y desparramarse por toda la tierra un engendro
antinatural como vos.
- Ok, nena, te dejo porque esto ya se
está poniendo denso y no me banco las minas histéricas. Un poco está bien, pero
a ese grado…Al final se confirmó lo que yo pensaba: no me perdonaste un carajo
y sos una resentida; así que no me llames porque no te voy a atender. Cuando te
arrepientas va a ser tarde, chiquita, y vas a estar sola, vieja y arrugada. Ya
no te queda mucha juventud, bebé. Entonces, ni los giles se te van a acercar.
Te acabás de perder un buen partido, querida. ¡Bye!¡Bye! (cuelga bruscamente)
(Ella queda agitada y sobresaltada. Se apoya respirando dificultosamente
con ambas manos sobre el escritorio. Se sienta y toma agua de un vaso que tenía
al costado.)
-
¿Yo
arrepentirme?
(Saca un espejito de un cajón y se mira tocando notablemente
las patas de gallo y las arrugas de la frente. Pone cara de preocupación.
Se apaga la luz.)
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